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PUBLICACIÓN EN EL MERCURIO del  26 de enero de 2016

Martes 26 de enero de 2016

Ejemplo vigente

“Hace 34 años, el 22 de enero de 1982, se produjo la dolorosa ausencia de don Eduardo Frei Montalva; el 3 de enero de 1992 falleció don Radomiro Tomic y, tres años más tarde, el 26 de enero de 1995, cesó el paso terrenal de don Bernardo Leighton Guzmán…”

 

En distintas fechas de un mes de enero fueron llamados ante el Señor de sus creencias tres figuras notables de un capítulo esencial de la historia política nacional. Hace 34 años, el 22 de enero de 1982, se produjo la dolorosa ausencia de don Eduardo Frei Montalva; el 3 de enero de 1992 falleció don Radomiro Tomic y, tres años más tarde, el 26 de enero de 1995, cesó el paso terrenal de don Bernardo Leighton Guzmán. Los tres integraron el grupo de universitarios católicos que en la década del treinta del siglo pasado cuestionó, respaldado por unos pocos sacerdotes, al viejo tronco conservador que se identificaba con la Iglesia y plantearon que el mensaje evangélico, explicitado en la Doctrina Social, que proclamaba un trato preferencial para los pobres, era sustento inagotable para levantar sin identidad clerical una opción política de perfiles propios.

Frei, Tomic y Leighton fueron, cada uno en las oportunidades y en los cargos que les confirieron las circunstancias, expresión leal de una juventud que sobre lo rescatable del pasado vislumbraba un mundo nuevo. Involucrados en la realidad de su época, configuraron una respuesta coyuntural de inspiración cristiana que superara aquello que criticaban. Ajustaron, además, su conducta pública y privada a las convicciones que profesaban. Hay que vivir como se piensa, decían, antes que pensar cómo se vive. Fueron un ejemplo ético que sigue vigente.

CORUSCO

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Septiembre 2016

Estimados (as) amigos (as)
Junto con saludarlos  y con motivo de cumplirse los 100 años de un hombre que hizo historia en nuestro Partido y en nuestro país, me permito adjuntarles a ustedes link de radio cooperativa con  nota publicada en homenaje a un grande.

Fraternamente,

Mariano Ruiz Esquide

http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20150809075015/100-anos-de-un-gran-hombre/

100 años de un gran hombre

Mariano Ruiz-Esquideaños

Hace 100 años nació en Nacimiento, Bernardo Leighton Guzmán, abogado, expresión de bondad y amistad, líder, demócrata cristiano, Diputado, Vicepresidente de Chile y máxima expresión de la justicia social y ejemplo de una juventud auténticamente revolucionaria.

Lo conocí hace ya muchísimos  años, tantos que ya son más los chilenos que no supieron de él, que los que tuvimos la felicidad de tratarlo y aprender sus enseñanzas.

De él aprendimos que la bondad no es debilidad sino fortaleza moral.

De él aprendimos que la violencia verbal sí es una derrota frente a argumentos sensatos y moderados.
Él nos enseñó que ante la fuerza bruta y la mansedumbre serena, esta última triunfa y convence en la vieja batalla de la Universidad de Salamanca cuando Millan Astray le dijo a Unamuno: “Viva la muerte, muera la inteligencia” y éste le contestó “Venceréis pero no convenceréis”.
Sereno en la derrota humilde en el triunfo, de juicio rápido pero análisis  profundos, serio ante la gravedad de un asunto, tenía un humor cristalino y blanco y con anécdotas que han pasado a la historia. Amigo de sus  amigos, hasta la máxima expresión de la lealtad y jamás una palabra de odio a sus adversarios.
Bernardo fue un líder y un conductor político, sin individualismo perturbador.

Pudo tener todos los cargos que quisiera y jamás aceptó.  La Falange Nacional y luego la Democracia Cristiana crecieron  impregnadas  de una visión ética que  nunca traicionó la ética del trabajo y del compromiso adquirido, fue su fuerza moral para ser respetado  que hasta hoy recordamos.

En estas líneas expresamos nuestra admiración por el hombre que fue el paradigma de la bondad y al mismo tiempo nos deja quien fuera su antítesis en la política: toda fuerza, rudeza, muerte u odio.

Los destinos del Señor son inconmensurables y los recibirá en el espacio que su Reino ya les tiene reservado.

Bernardo fue Demócrata Cristiano, pero perteneció al corazón de los chilenos.  Fue un faro intelectual, pero su corazón latió siempre con los trabajadores.

 

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Diciembre de 2015

Documento PowerPoint que contiene información valiosa sobre la corporación y don Bernardo Leighton. Este archivo fue confeccionado por el Doctor Enrique Cancec I.

Es posible su descarga haciendo click en el siguiente enlace:
Descargar

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Septiembre de 2015

Palabras de José De Gregorio, expresadas al final de la ceremonia del 10 de agosto de 2015 en que se recuerda a Bernardo Leighton y se le entrega a De Gregorio la distinción de Socio Honorario de la Corporación

Srs. Parlamentarios
Consocios de la Corporación
Sras y Sres:

Como no estar contento y agradecido por recibir esta gran distinción de ser designado “Socio Honorario” de la Corporación Educacional Bernardo Leighton Guzmán. Ella se me entrega materialmente por un querido amigo y corresponde a un acuerdo de su Directorio, que no pudo elegir una oportunidad mejor para hacerlo, ya que estamos en el mes de natalicio de don Bernardo y del aniversario 58 del Partido Demócrata Cristiano, cuyo inicio está tan ligado a la obra que empezó don Bernardo y con la que yo colaboré como Secretario General.

En este año se cumplen también 30 años de la Alianza Democrática y lo que es muy trascendental para hablar de don Bernardo, recordarlo y considerar mi relación con él, en Octubre se cumplen 80 años de la creación del movimiento Falange Nacional, donde como lo dije cuando era Presidente de la Corporación y me correspondió decir unas palabras: “Todo partió con Leighton”. Él fue su gran impulsor, sin olvidar a Frei, Palma, Reyes, Garretón y tantos otros, pero La Falange creció por la firmeza de sus principios y valores, de los cuales don Bernardo era su exponente más representativo.

Compartiré el honor de Socio Honorario con Doña Anita Fresno y don Alejandro Silva Bascuñán, que ya nos dejaron y con el padre José Aldunate y el ex Presidente de la República don Patricio Aylwin, lo que significa una compañía ilustre que acepto con mucha humildad.

El Presidente del Senado Patricio Walker ha abierto este acto solemne, junto con el Presidente de la Corporación Ramón Valderas. El Dr. Cancec, quien como Secretario me acompañó cuando ejercí de Presidente, ha resumido la historia de la Corporación; Marco Antonio Rocca ha hablado a nombre de los amigos, representando una vigorosa generación que amalgamó la Juventud Falangista con la del PDC, y Rafael Moreno ha señalado la contingencia actual y la mirada de don Bernardo.

Está todo dicho, pero cabe agregar que si bien ya dije “Todo partió con Leighton” ahora debiera terminar señalando que todo sería distinto si estuviera Leighton y muchos actuaran como él lo hacía, con coraje y decisión, como ejemplo moral exigente, con dignidad y civismo, así como con amor por el prójimo y la Patria toda.

El Hermano Bernardo debe inspirar un patriotismo vital a todo el espectro político para que con bondad y espíritu de servicio procuren con serenidad, decisión y rectitud, hacer de Chile un país que recupere la confianza, recupere la dignidad de la política, nunca ponga en peligro su democracia, no caiga en populismos, conviva en paz y trabaje unido por su desarrollo económico y social, con justicia y libertad. Su legado pertenece a toda la Nación. Fue un hombre consecuente y una figura moral, el mejor de los mejores, como lo dijo Radomiro Tomic.

No lo defraudemos y mantengamos la esperanza que desde la Casa del Padre nos aliente y nos ayude a permanecer fieles a nuestros ideales de Paz, Justicia y Democracia. ¡Todo sería mejor si se actuara como lo haría Leighton!

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Agosto de 2015

Palabras de Marco Antonio Rocca del lunes 10 de agosto en el ex Congreso Nacional por la conmemoración de los 106 años del natalicio de Bernardo Leighton y reconocimiento a don José De Gregorio Aroca, como Miembro Honorario de la Corporación .

 

Señor ex Presidente de la República Don Patricio Aylwin.
Señor Ramón Valderas, Presidente de la Corporación Bernardo Leighton Guzmán.

Señoras y señores miembros del Directorio de la Corporación.

Señor Fernando Silva Director del Centro de Extensión del Senado.

Señora María Rebeco de De Gregorio.

Queridas amigas y amigos.

La Corporación Bernardo Leighton Guzmán al conmemorar el natalicio de don Bernardo, nos proporciona un marco muy adecuado para rendir hoy un homenaje a José De Gregorio Aroca, con motivo de su solemne incorporación como socio honorario. Este es un acto público y fraterno como fue la vida de don Bernardo y ha sido la de José.

Los países necesitan de la política. De las miradas largas sobre el destino colectivo. De los programas, de la formación y de la organización de las personas y, sobre todo de la fraternidad, de su compromiso, de su entrega generosa, de su optimismo y de su fe.
Cada año se originan agrupaciones políticas en todo el ancho mundo.

Entre los muchos comienzos sólo de tarde en tarde nacen movimientos que perdurarán a lo largo de décadas por todo un ciclo histórico. Es lo que ocurrió en los años 30 del siglo XX en nuestro país con la Falange Nacional y también con el Partido Socialista.

Los falangistas eran fundadores de una esperanza nueva que, por otra parte, contaba con un bagaje de principios humanistas que venían caminando desde lo profundo de la historia, pero que necesitaban un nuevo camino.

Se trataba entonces de crear una nueva política para un país acosado por la desigualdad y el subdesarrollo, en un mundo que se desgarraba por las guerras, la crisis y el atropello feroz a los derechos humanos en el corazón de Europa. Esto ocurría cuando por otra parte, la humanidad avanzaba en la ciencia, en la educación, en la técnica, de una manera que abría posibilidades de un mejoramiento en las vidas de la multitud.

Con pocos recursos materiales contaban los falangistas, pero sí, con muchas ideas y amplios horizontes. Habían escogido para su partido el mismo nombre, “falange”, con que Charles Fourier, el socialista utópico francés y promotor del cooperativismo, había denominado a las unidades de producción y consumo de trabajadores unidos, basadas en un cooperativismo integral y autosuficiente. Habían acordado los famosos 24 puntos de la Falange Nacional, primera declaración de principios en 1939.

La respuesta inicial de la juventud chilena fue generosa ante el llamado a organizar, desde la inspiración cristiana claramente no confesional, un movimiento político nuevo. Los fundadores desplegaron la presencia de la Falange en poco tiempo en todo el país. Centenares de jóvenes se sumaron – y muy activamente- por todas partes. Y continuaban llegando. Sin embargo, la representación parlamentaria en el período fundacional fue pequeña.

¿Cuál era el llamado? ¿Qué se ofrecía a los y las militantes? Por cierto nada material. Se trataba de compartir una lucha por un ideal.

Por un ideal que tenía un lugar para hacerlo realidad: todo un país.

Un tiempo para actuar: nada menos que el presente y todo un luminoso futuro. Una fraternidad vivida en común. Una solidaridad política concreta con los pobres, los trabajadores, con la lucha por la libertad, por la justicia, por la democracia, por el cambio social. En definitiva valores profundos, metas enormes, algo por lo que valiera la pena dar lo mejor de la vida.

José De Gregorio vino al llamado desde la provincia chilena. Instalado en la capital, mostró de inmediato su capacidad de dirigente y su liderazgo. A los 17 de años de edad fue elegido Presidente Comunal del Partido en la 10ª Comuna de Primer Distrito de Santiago. Desde ese día no habría de dejar jamás de trabajar desinteresadamente por sus ideas, de organizar, de conducir, de alentar y estimular a sus camaradas.

Con sus compañeros de los comienzos de los años 40 se integró a la generación fundadora del Partido que daba sus primeras luchas.

La segunda no fue una generación de reemplazo. Ni la segunda, ni la tercera.

¡No hubo generación de reemplazo en la Falange Nacional!

Todos marchábamos al unísono, siempre juntos con los que iban sumándose.

Éramos todas y todos camaradas con la misma larga, dura pero alegre jornada por un mundo mejor.

Hoy tengo el privilegio de expresar el reconocimiento a una de las personas que me recibió en el Partido, para llegar a ser después y para toda la vida mi amigo.

Creo por lo mismo que estas palabras pueden representar a muchas personas a lo largo del país, a lo largo del tiempo.

José De Gregorió ejerció la Secretaria General del Partido Demócrata Cristiano durante 18 años. Estuvo presente en la mayor parte de las Comunales y Provinciales en todo Chile. Contribuyó a la organización de los importantes nuevos frentes que fueron naciendo: el Movimiento de Pobladores, el Frente Femenino, el Frente de Profesionales y Técnicos. Con la dirigencia de la Juventud Demócrata Cristiana y con la de la Democracia Cristiana Universitaria su relación fue permanente. Conoció de cerca nuestros triunfos en la FECH y en las otras Federaciones de Estudiantes durante 16 años.

Acompañó a los organizadores de la legendaria Marcha de la Patria Joven. Colaboró con el gobierno de Eduardo Frei Montalva.

No lo cambió ni el triunfo ni la derrota. Siempre con el mismo respeto por las personas, con el buen juicio que no le ocultaba nada en materias conflictivas. Su agenda diaria impresionaba, al mediodía ya necesitaba más páginas y al caer la noche, todo estaba hecho o listo para la siguiente jornada.

En los años de la esperanza en el comienzo, en los años de la Revolución en Libertad, en el tiempo oscuro de la patria, en la recuperación de la democracia, nos apoyó con su esfuerzo, su profunda honestidad, su visión, su espíritu constructivo, su buen juicio, su dedicación al deber, su fraternidad.

Gracias Maruja por ser ustedes el ejemplo que han sido para nosotros.

Gracias, muchas gracias, Pepe De Gregorio por tu señorío, por tu vocación, tu firmeza, tu constancia, por tu entrega y tu amistad, que se prolongará en el tiempo en cada joven que tome la antorcha y las banderas del idealismo que no perecerá jamás.

Marco Antonio Rocca S.
Santiago, 10 de agosto de 2015.

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Agosto de 2015

* Discurso pronunciado el lunes 10 de agosto en el ex Congreso Nacional por la conmemoración de los 106 años del natalicio de Bernardo Leighton. Fue publicado en El Mostrador el 14 de agosto de 2015

“Las preguntas que sin duda se habría hecho Bernardo Leighton sobre la situación política actual”

por Rafael Moreno Rojas 14 agosto 2015

“Cómo no sentir vergüenza al constatar que personas que han recibido el respaldo ciudadano o han asumido cargos de responsabilidad pública, han caído en situaciones que ya no solo atropellan los valores éticos mínimos, sino que incluso han traspasado la barrera de lo estético. Recurrir a artimañas para esconder graves evasiones de los responsabilidades de cada uno, dejarse sobornar, aduciendo el argumento de que se recibían las prebendas para pagar supuestos servicios nunca prestados, son algunas de las muestras de estos torcidos procedimientos”.

Dentro de pocos días, al término de esta misma semana, se cumplirán 100 años desde el nacimiento de Bernardo Leighton; en esta ocasión la Corporación Educacional que lleva su nombre, junto con agradecer y reconocer los aportes de nuestro amigo José de Gregorio, nos hemos reunido para no solo recordar su figura, rememorar sus ideas y valores, mantener viva su memoria y su legado, sino que para también hacernos algunas preguntas que sin duda las habría formulado Bernardo Leighton de estar presente entre nosotros.

Su primera interrogante habría sido ¿qué está ocurriendo en nuestro país?, ¿cuáles son los valores que inspiran lo que ocurre en el presente?, y ¿cuáles son los métodos que se están empleando en nuestra vida pública y privada para conseguir determinados objetivos?

Lo que ocurre entre nosotros hoy en día, es la pérdida o grave confusión de los valores en los que se funda nuestra realidad política y económica actual, alterando gravemente lo que han sido los principios éticos en los que se fundó la vida de Bernardo Leighton, y la de miles de chilenas y chilenos, que han compartido y comparten hoy en día valores que se basan en principios concordantes con una moral pública y privada que se ajuste a valores éticos.

Cómo no sentir vergüenza al constatar que personas que han recibido el respaldo ciudadano o han asumido cargos de responsabilidad pública, han caído en situaciones que ya no solo atropellan los valores éticos mínimos, sino que incluso han traspasado la barrera de lo estético. Recurrir a artimañas para esconder graves evasiones de los responsabilidades de cada uno, dejarse sobornar, aduciendo el argumento de que se recibían las prebendas para pagar supuestos servicios nunca prestados, son algunas de las muestras de estos torcidos procedimientos.

¿Es esto compatible con lo que Bernardo Leighton y tantos otros, han defendido y luchado en sus vidas? Cuando una sociedad comienza gradualmente a descomponerse, lo que primero surge es el argumento de que las instituciones no funcionan,- se comienza a cuestionar la legitimidad de lo que se realiza-, -se recurre al argumento, de que la abrumadora mayoría de la población se ha abstenido masivamente de ejercer su opinión cuando ha sido requerida de hacerlo democráticamente-, y que por lo tanto no existe una representación legítima de las decisiones que se adoptan por las autoridades, cuando los mismos que hoy argumentan ello, unido a la falta de visión de quienes no se dieron cuenta en su momento, de que separar los derechos de las obligaciones en los que deben cumplir con sus deberes cívicos era un tremendo error, y que ello pavimentaba gradualmente el camino de los que nunca han creído que la democracia es la norma más civilizada de avanzar en nuestra sociedad, y que cuando las decisiones que toma un gobierno democrático no tienen lo que ellos discuten como legitimidad, se abre el camino para que los autoritarismos y las dictaduras intenten reemplazar el sistema que no está funcionado.

¿Qué diría Leighton ante esta larvada, pero existente amenaza sobre nuestra estabilidad democrática?, ¿Qué diría cuando parlamentarios y otros altos funcionarios se aferran a sus cargos, no obstante haber violado las normas mínimas de la probidad?

No nos cabe duda que los valores que defendió incluso con sacrificios enormes a lo largo de toda una vida, lo llevarían a alzar su voz con fuerza, para pedir que se rectifiquen estas conductas y se retorne a un clima en el que las actuaciones sean coherentes con los valores que inspiran una sociedad que se precia de no ser corrupta y, llamaría vehementemente a no dejarse avasallar por la ligereza de las conductas de unos pocos. Si hay algo que distingue a Bernardo Leighton, es haber demostrado que la ética y la coherencia de sus actuaciones conforme a dichos valores, fueron la norma de su vida.

Hoy día debemos reaccionar y enfrentarnos a esta manera tan peligrosa de organizar nuestra vida ciudadana. No aceptamos la corrupción como norma de funcionamiento de nuestras instituciones.

No aceptamos que bajo el argumento de que los tiempos son distintos al pasado, se instale entre nosotros un populismo, que de progresista tiene poco a nada, ya que las contradicciones en que caen sus defensores rayan muchas veces en el ridículo público, ya que no vacilan en dejarse financiar por aquellos que serían los primeros afectados por sus decisiones, si se les permitiese ejecutarlas.

Ejemplos como la autorización de producir domésticamente sustancias dañinas para la salud en forma generalizada, así como abrir indiscriminadamente la puerta a la eliminación de la vida seres indefensos, son atropellos a valores que no pueden dejarse de lado.

Hoy se debate si es necesaria una nueva Constitución Política para nuestro país, sin duda alguna Bernardo Leighton habría dicho que estaría abierto a estudiar el tema. Para ello, lo primero es definir cuáles son los temas de fondo que deben ser abordados. Si lo que se requiere es una sustitución completa del texto constitucional, deberá, antes de aceptarse ello, presentarse el texto alternativo para sustituir el actual.

Si en vez de ello, se desean sustituir elementos claves, entre ellos, los altos quórums de los dos tercios o los cuatro séptimos hoy existentes, tanto para modificar algunos aspectos de la constitución, o las leyes dictadas durante la dictadura con un rango constitucional, para bloquear las posibilidades de modificación de ellas, así como atribuciones del Tribunal Constitucional, no tenemos dudas en apoyar los cambios que sean indispensables y necesarios de realizar en la actual constitución. La forma de hacerlo, es otro tema a considerar.

Existen diversas opciones que se han presentado al debate público, las principales son , seguir el camino institucional actualmente vigente, cual es, introducir las reformas por la vía establecida actualmente en la constitución, lo que significa, que sea el parlamento, el que después de oír a las personas e instituciones que desean expresar opiniones y sugerencias respecto de los puntos que les interese modificar, se someta a votación las propuestas de reformas, en ambas ramas del parlamento y posteriormente, de ser aprobadas, ellas sean ratificadas por un Congreso Pleno integrado por la totalidad de los senadores y diputados en ejercicio .

La objeción que se hace a este camino, es que con la actual composición del parlamento, la oposición a modificar algún aspecto fundamental está amparada por el número de parlamentarios elegidos bajo el sistema binominal y los quórums ya señalados, los que son muy difíciles de lograr. Otra propuesta es generar una Asamblea Constituyente para dictar una nueva constitución. Para que ella funcione, debe precisarse cómo elegirla, cuál sería su conformación, los plazos de funcionamiento y los quórums que se requerirían para aprobar los distintos artículos y capítulos de una nueva constitución. Pero uno de los aspectos más importantes es definir como se convoca dicha Asamblea Constituyente.

Sin definir claramente dicho procedimiento, y sin conocer qué temas específicamente deben tratarse, ello será fácilmente utilizado por quienes buscan deslegitimizar la institucionalidad actual, y probablemente sin desearlo por parte de quienes postulan este método, abrirle camino a quienes desean retornar a regímenes autoritarios.

Nunca nos hemos opuesto a cambios de fondo necesarios en nuestra vida institucional, y Bernardo Leighton como Ministro del Interior del Presidente Eduardo Frei Montalva, junto Pedro Jesús Rodríguez Ministro de Justicia, Francisco Cumplido, el profesor de Derecho Constitucional Alejandro SilvaBascuñán, apoyaron decididamente la reforma constitucional propuesta para modificar el sistema de propiedad , la que fue abrumadoramente aprobada por el parlamento en 1967, para posibilitar la realización de la reforma agraria en Chile. Por lo que nadie puede desconocer esta realidad, e imputarle a quienes seguimos el pensamiento de Bernardo Leihgton, una posición contraria a los cambios bien hechos.

Entre estas dos alternativas mayores, han surgido algunas propuestas para generar una Asamblea Constituyente que nacida de la aprobación del parlamento, ya sea el actual, o el que debe elegirse a fines del año 2017, pudiese funcionar como alternativa a este, en el proceso de dictar una nueva constitución. Este y otros aspectos relacionados, deberán ser resueltos en una etapa próxima. Es crucial, la forma como esto se realice, ya que hoy, este Parlamento en el que nos encontramos, del que Bernardo Leighton y tantos otros hombres y mujeres ilustres formaron parte, debe imperiosamente recuperar su rol y recobrar su respetabilidad ante la opinión pública chilena. En él se encuentra gente honesta y verdaderamente limpia, y no es posible que por culpa de unos pocos, se tenga que vivir bajo la afrenta de ser denostado por solo el hecho de ser parlamentario o un “político”, como se dice peyorativamente hoy en día. Si en algo se distinguió Bernardo Leighton, fue en no tener jamás temor a denunciar lo que no era justo y correcto, a renunciar a cargos de Ministro de Estado cuando se atropellaban los principios básicos de su conciencia, en defender los derechos humanos sin distinciones políticas o sociales de los afectados, en denunciar sin ambages la dictadura que se había entronizado entre nosotros, en ser leal con los valores de un cristianismo social profundamente arraigado en su persona, el que lo llevó hasta el perdonar a quienes intentaron asesinarlo a él y a su esposa Anita Fresno.

Es por ello, que hoy día, inspirados en su ejemplo, en los valores que él defendió a lo largo de toda su existencia, debemos tomar su fuerza y su valentía, para que cada uno de nosotros sostenga que la ética y la coherencia con que el existió, debe ser reforzadas entre nosotros en los días actuales. Solo con ejemplos como el de Bernardo Leighton, podremos hacer de nuestra patria un mejor lugar para vivir con democracia, justicia y dignidad.

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Agosto de 2015

Mensaje del destacado ex Senador de la República, que para muchos de los chilenos ha sido uno de los parlamentarios más apreciados y respetados de nuestro país, con motivo de la rememoración de Bernardo Leighton a los 106 años su nacimiento.

 

“106 años de un gran hombre”

Por Mariano Ruiz Esquides

Hace 106 años nació en Nacimiento, Bernardo Leighton Guzmán, abogado, expresión de bondad y amistad, líder, demócrata cristiano, Diputado, Vicepresidente de Chile y máxima expresión de la justicia social y ejemplo de una juventud auténticamente revolucionaria.

Lo conocí hace ya muchísimos años, tantos que ya son más los chilenos que no supieron de él, que los que tuvimos la felicidad de tratarlo y aprender sus enseñanzas.

De él aprendimos que la bondad no es debilidad sino fortaleza moral.

    De él aprendimos que la violencia verbal sí es una derrota frente a argumentos sensatos y moderados.

Él nos enseñó que ante la fuerza bruta y la mansedumbre serena, esta última triunfa y convence en la vieja batalla de la Universidad de Salamanca cuando Millan Astray le dijo a Unamuno:“Viva la muerte, muera la inteligencia” y éste le contestó “Venceréis pero no convenceréis”.

    Sereno en la derrota humilde en el triunfo, de juicio rápido pero análisis profundos, serio ante la gravedad de un asunto, tenía un humor cristalino y blanco y con anécdotas que han pasado a la historia. Amigo de sus amigos, hasta la máxima expresión de la lealtad y jamás una palabra de odio a sus adversarios.

Bernardo fue un líder y un conductor político, sin individualismo perturbador.

Pudo tener todos los cargos que quisiera y jamás aceptó. La Falange Nacional y luego la Democracia Cristiana crecieron impregnadas de una visión ética que nunca traicionó la ética del trabajo y del compromiso adquirido, fue su fuerza moral para ser respetado que hasta hoy reconocemos.

En estas líneas expresamos nuestra admiración por el hombre que fue el paradigma de la bondad y al mismo tiempo nos deja quien fuera su antítesis en la política: toda fuerza, rudeza, muerte u odio.

Los destinos del Señor son inconmensurables y los recibirá en el espacio que su Reino ya les tiene reservado.

    Bernardo fue Demócrata Cristiano, pero perteneció al corazón de los chilenos. Fue un faro intelectual, pero su corazón latió siempre con los trabajadores.

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      ¿Qué nos diría Bernardo Leighton Guzmán hoy día?

Conmemoración de su vigésimo fallecimiento,
26 de enero de 2015

(Palabras expresadas después de la Misa)

     Don Bernardo Leighton Guzmán nació un lunes 16 de agosto de 1909, en Nacimiento, localidad de la Región del Bío Bío, gran hombre que supo ser consecuente hasta las últimas instancias cuyo lema permanente fue servir con bondad haciendo del servicio público un apostolado. Para él la política era un servicio público, cuyo único objetivo era la búsqueda del bien común de los chilenos. Si bien fue hijo único, fue hermano de todos y cada uno de los chilenos y chilenas que se beneficiaron con su actuar; si bien no tuvo hijos propios, fue padre de todos los niños y niñas que estuvieron en su corazón mientras fue insigne Ministro de Educación; si bien fue un destacado abogado, no hubo mejor obrero que Don Bernardo cuando fue Ministro del Trabajo, porque jamás dejó de pensar en el prójimo como su verdadero hermano en Cristo, sentados todos a la misma mesa, compartiendo todos el mismo pan. También fue Ministro del Interior y Diputado de la República en dos periodos. Falleció en el país que tanto amó a las 4.30 horas del 26 de enero de 1995, fecha que con nostalgia y recogimiento recordamos cada año.

Hoy día urge un nuevo trato entre naciones ricas y pobres, y también entre pueblos y personas que desconfían los unos de los otros separados por un abismo cultural progresivo del cual no está ajena nuestra querida patria, ¿Qué diría Don Bernardo sobre este tema? Diría que todos somos todos responsables y que el diálogo, la tolerancia, el respeto por las diferencias individuales y colectivas y el fortalecimiento de la democracia son garantes de la seguridad del mundo en el que habitamos hoy y en el que habitaran las generaciones futuras. Diría que todos somos responsables, pero “yo más que todos”, hasta morir si fuera necesario inspirado en rectos principios y sólidos valores cristianos que trascendieron a su persona y a su tiempo, como sucede con los grandes hombres con cuyas vidas se construye la historia de la humanidad, ejemplos que debemos preservar en la memoria colectiva si no queremos desaparecer de la tierra que poblamos. ¿Y a propósito de población, qué diría entonces Don Bernardo sobre el aborto? Diría que la vida humana no se transa, que los valores no se relativizan, que por pequeñita y frágil que sea la vida, se le debe proteger y tratar como semilla divina, soplo de Dios hecho carne y que nadie tiene derecho a exterminar lo que ha sido creado a su imagen y semejanza. Un mundo sin niños es un mundo destinado a desaparecer, un mundo sin esperanza. En nuestro país se discute hoy en día la Reforma Educacional, ¡oh paradoja!, y también la Ley del Aborto, con tasas de natalidad cada vez menores, cabe preguntarse: ¿A qué niños educaremos en un futuro no tan lejano? ¿Se está poniendo el foco en lo esencial? ¿Qué diría Don Bernardo sobre las amenazas y el terrorismo que afectan la seguridad tanto de los Estados como de los seres humanos? Él, un hombre que vivió junto a su esposa en carne propia el terrorismo y la barbarie y que perdonó lo imperdonable siendo consecuente hasta el extremo exclamó emulando a Jesús en la cruz: “Padre, es que no saben lo que hacen”.

Lo que hoy dicen las naciones del mundo ya lo dijo Bernardo Leighton, desde muy joven, con su natural capacidad visionaria que lo adelantó a su tiempo: todos los Estados deberían reafirmar su compromiso con los objetivos de erradicar la pobreza, lograr un desarrollo económico sostenido y promover un desarrollo sostenible sustentado en Estados de Derecho y Reformas Democráticas. Fomentó el respeto por las libertades civiles y los derechos humanos, de los cuales fue ferviente defensor. Trabajó incansablemente para reducir la pobreza, el desempleo, mejorar la salud pública y la educación promoviendo un debate respetuoso de credos y culturas, tareas en las que participó activamente desde los diferentes roles que cumplió en las más altas esferas del gobierno. ¿Qué diría Bernardo Leighton sobre la Reforma Educacional de nuestro país y el tenor en el que se ha llevado a cabo la discusión? Siendo Ministro de Educación señaló el año 1950: “el sentido de la Reforma Educacional se basa en una orientación educacional integral y orgánica. No es posible realizarla precipitadamente ni siquiera por medio de una ley, sino que se debe intentar crear las condiciones previas indispensables para que tal reforma se realice gradualmente con el aporte de toda la nación… es conveniente señalar que se desea incorporar a estas ideas centrales de la política educacional todas las sugerencias valiosas que puedan ofrecer las instituciones, la opinión pública o las personas interesadas en el progreso de la educación…”.Esta propuesta supo interpretar las aspiraciones de las grandes mayorías y concitar el apoyo del Magisterio. ¡Cuánta falta hace hoy un político de la talla de Don Bernardo Leighton Guzmán! ¡Cuánto bien le haría a nuestro querido Chile su sensatez, sabiduría, humildad y consecuencia! Todo ello unido a la firmeza para defender sus valores católicos en el marco del respeto, la tolerancia y por sobre todo, su fe en la democracia vivida con austeridad y convicción como método para resolver los conflictos. Hombre de mente abierta y brillante, que propiciaba acuerdos, rechazaba la violencia en cualquiera de sus formas, y amaba la libertad de expresión y decisión.

¿Qué diría entonces Don Bernardo a los políticos de hoy?: “El gobernante debe ser un servidor de las necesidades del pueblo y no fundamentalmente un buscador de su condición de gobernante, respetar los derechos de todo el pueblo sin imponer ideas y vivir la política como un apostolado”. El año 1934 escribió al respecto: “Un apostolado tolerante, para que no excluya a nadie odiosamente; sincero para que no lo tuerza el aplauso ni la pifia; cristiano para que busque el corazón y lo convierta”.

Para finalizar esta breve reflexión sobre la grandeza de un hombre que intentó hacerse el más pequeño, la última pregunta al Hermano Bernardo: ¿Qué le diría a los jóvenes de hoy? Repetiría lo que ya señaló con lucidez en 1934 en su artículo sobre la Juventud Católica y la Unidad Nacional: “Les daré una recomendación de amigo. Busca para tu entendimiento con afán incansable lo verdadero; para tu corazón lo más hermoso; para tu actividad el bien más alto. Trata de pensar con la cordura de un hombre viejo, y de vivir con el desprendimiento de un niño. Pide los conocimientos que te falten a cambio de la impetuosidad que te sobre, siéntete más atraído por la belleza de la realidad humana que desencantado por su fealdad, mantén viva la esperanza y en tu espíritu encendida la llama de la fe en Dios, tu Creador”.

Gracias a Don Bernardo Leighton Guzmán, ejemplo de servidor público y hombre de bien. Que su luz nos acompañe siempre.

Dr. Enrique Cancec Iturra.
Past Presidente
Corporación Educacional Bernardo Leighton Guzmán

 

Fuentes consultadas:

1. Todo empezó con Leighton, Fundación Bernardo Leighton, Santiago de Chile, 2005.
2. El placer de servir, Corporación Educacional Bernardo Leighton Guzmán, Cepal, Santiago de Chile, 2006.
3. Recuerdos, Anita Fresno de Leighton, Santiago de Chile, 1985.
4. El Partido Demócrata Cristiano Chileno, Documentos 26 de Julio de 1935.
5. El regreso a la Patria Hernán Millas, entrevista publicada junio 1978.
6. Artículos de conocimiento público escritos por Bernardo Leighton Guzmán,
1932 a 1934: El apostolado de la Política; Se defiende un régimen legítimo;
Abstencionismo electoral, Humanismo Cristiano, entre otros.
7. Informe del Grupo de alto nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio, titulado “Un mundo más seguro: la responsabilidad que compartimos”. Naciones Unidas, 2004.

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19 de marzo de 2015

Interesante artículo del Pbro. Eugenio Pizarro Poblete. Titulado: El Hermano: Don Bernardo Leighton Guzmán.

Autor: Rolando Chateauneuf, 19 de marzo de 2015

Se me ha sugerido la conveniencia de analizar este artículo en la página web de la Corporación, lo que con agrado lo he hecho. Éste fue publicado en Le Monde Diplomatique el 17 de septiembre de 2011.
El artículo tiene dos partes, en la primera, hace referencia a lo que ha dicho el señor D. Ignacio Walker en cuanto a que es la hora de la renovación de su Partido (PDC). Coloco sólo cuatro párrafos de esta primera parte. Recomiendo de todos modos leer el artículo in extenso.

La primera parte abarca menos de tres páginas; la segunda, algo más de cinco. Sin dudas ésta segunda es lo principal del artículo. Ella se refiere a Bernardo Leighton.

Recordemos que el Pbro. Pizarro fue candidato a la Presidencia de la República.

Ahora van los primeros párrafos de la primera parte y los dos últimos. Me ha parecido conveniente incluirlos inicialmente; sin duda que se refieren a temas de hoy actualidad

Walker y otros militantes del PDC coinciden en que la renovación debe venir con una nueva generación. Una renovación partidaria a través de hombres y mujeres pertenecientes a la juventud. Se trata de entregar la conducción del PDC a gente de una nueva generación.

Me parece bien. Pero con un resguardo y aprehensión: No por cualquier joven va a venir hoy día la renovación.

Termina esta primera parte con los dos párrafos siguientes:

Cuando se pretende en Chile una renovación y un reencantamiento de chilenos por la política y por los políticos, cabe el dicho del Evangelio: “no se echa vino nuevo en odres viejos. El vino nuevo romperá los odres. A vino nuevo, odres nuevos”. Se trata de una transformación y cambio radical. No basta con “reformas”. Ni menos que se haya firmado en año 2005 una nueva Constitución sobre el armatoste dictatorial de 1980. No cambiar radicalmente herencia dictatorial es mentirse. No es ni demócrata ni cristiano.
Ojala que mi amada Iglesia entre también en revisión profunda y tome las medidas del caso. Hay que predicar con el ejemplo. Algunos pensamos, con sentido crítico, pero no sin respeto y amor, que nuestra Iglesia hoy día ha olvidado la opción por los pobres, olvidando su cuna y origen. Aparece poderosa como una multinacional. Parece que algunos miembros importantes de la Iglesia han optado por los ricos. Amo a mi Iglesia. La quiero “sin mancha ni arruga ni nada semejante”. La quiero como Pueblo de Dios: Iglesia de todos, pero especialmente, la quiero, Iglesia de los pobres.

Ahora viene la segunda parte que se refiere al Hermano Bernardo:

II.- Yo conocí a un adulto de la DC. Mayor no sólo en edad, sino también en estatura moral y cristiana. Joven de espíritu. Nunca dejé de llamarlo “Don”. Era Don Bernardo Leighton Guzmán. Era un verdadero Don de Dios. Una visita de Dios para nuestra patria. Tenía en sí el “alma nacional”. Era el “hermano” Bernardo, porque a la manera de Cristo, el Buen Samaritano, se aproximó; se hizo próximo de sus semejantes a quienes llamaba, a su vez, hermanos. Se hermanó, especialmente con los más pobres, los predilectos de Cristo.- Fue un miembro fiel y leal al Cuerpo- Iglesia, como lo fue su hermano y entrañable amigo Don Rafael Agustín Gumucio Vives. Para Don Bernardo primero que todo estaba Jesús y su Evangelio. Esta opción primera condicionaba cualquiera otra, incluso la de su Partido. En esto fue consecuente hasta su muerte. ¿Qué diría hoy, cuando se aplica, en la práctica, el perverso principio: “El fin justifica los medios”? Como el Padre Hurtado, para él, el pobre era Cristo mismo; se dedicó a servirlo en política con humildad y casi con anonimato. Para él la política era un servicio público, buscando el bien común de los chilenos.
Para él la política era la expresión más eximia de su caridad hacia sus hermanos. Lejos de él un afán idolátrico del poder y del dinero. Vivió las Bienaventuranzas. Él fue un “bienaventurado” siendo un gran político nacional y de resonancia internacional. Siempre joven e idealista, comprometido en la construcción de la “polis” como adelanto del Reino, buscándolo hasta la plenitud. Hasta el día de su muerte fue demócrata y cristiano ejemplar. Hombre de Fe, Esperanza y Caridad. Por consecuencia de su fe radical e inquebrantable, fue uno de los principales, sino el principal, fundador de la Falange, después PDC.
Adelantándose al Vaticano II, comprendió, según “los signos de los tiempos”, que había que terminar con esquemas mentales tradicionalistas, conservadores de estatus, de bienes y riquezas materiales; comprendió que los laicos políticos católicos, no siendo confesionales, pero consecuentes, debían en política, aplicar las Encíclicas Sociales de la Iglesia. Don Bernardo, al contrario de muchos cristianos, creía que la política no tenía por qué ensuciar a los que la practicaban. Para él la política fue un llamado personal de Dios.
Fue una vocación de servicio y de bien común. La practicaba como un don gratuito de Dios: “Lo que recibiste gratuitamente, entrégalo gratuitamente”. Esto lo vivió plenamente practicando la bienaventuranza de los pobres. Nunca aceptó de sus amigos, gestiones para jubilar como Diputado o como Vicepresidente de la República. Le oí: “soy un político servidor de la polis. No soy ni negociante ni comerciante de la política. Déjenme que sólo me las arregle con mi jubilación de abogado. Como Jesús: he venido a servir y no a ser servido”. Vivía el Evangelio: “Los reyes de las naciones se portan como dueños de ellas y, en el momento en que las oprimen, se hacen llamar bienhechores. Ustedes no deben ser así. Al contrario, el más importante entre ustedes se portará como el último, y el que manda como el que sirve” Don Bernardo, como político, fue encarnación del Evangelio.
La herencia de sus padres, siendo el único hijo heredero, la compartió, más bien la entregó totalmente. A su amigo Antonio, amigo de juegos y de infancia en Nacimiento, le entregó el Fundo: “Mira, Antonio, tú eres mi hermano que no tuve, quédate tú con el fundo”. Y a lo largo de Chile, su Partido, tiene sus sedes donde está la mano cristiana del compartir y no del acumular de este varón cristiano por excelencia. Vivió austeramente de su jubilación de abogado, siendo, muchas veces olvidado por su gente. Nació el 16 de agosto de 1909. Pasó el centenario de su natalicio y no se conmemoró, como correspondía en justicia. El 26 de enero se cumple un año más de su Pascua: de su paso de este mundo a la casa del Padre.
En cuanto al poder se hizo el último. Siendo fundador de su Partido nunca aceptó ser candidato presidencial. Nunca quiso hacerle sombra a su amigo: “mi querido “flaco”: Eduardo Frei Montalva, aunque posteriormente, frente al brutal Golpe de Estado, mostró una actitud muy diversa a la de Frei, propia de un hombre demócrata. Hemos conocido el intercambio de cartas personales, mostrándose distintos, entre ambos amigos, con respecto a actuaciones respectivas frente al Golpe Militar y posteriores consecuencias. No obstante, siempre Don Bernardo consideraba que Don Eduardo era el líder natural y no él. Así lo vio, y hubiera querido verlo, que él y no otro, debería haber sido el interlocutor del Presidente Allende en diálogo en casa del Cardenal Raúl, para salvar la democracia chilena. Habría que constatarlo como dato histórico: Don Bernardo siempre estuvo por salvar la democracia. Condenó inmediatamente el Golpe de Estado y la dictadura. No dudó en ningún momento. Nunca tuvo otra postura. Fui testigo, por ser mi familia, vecina de casa de Don Bernardo, como entre levantamiento y levantamiento de toque de queda, se reunían con Don Bernardo connotados militantes de su Partido, para responder a la hora de ese momento. Don Bernardo había redactado una carta condenando el Golpe. Seguramente allí se trabajó y se buscó modo de que fuera conocida.
Supe que en 1970 la derecha, con consentimiento de Don Jorge Alessandri Rodríguez, le ofreció la Candidatura Presidencial de consenso entre Derecha y PDC, para impedir el paso al Candidato Don Salvador Allende Gossens. Era la misma estrategia de 1964. Don Bernardo no aceptó. No iba con sus valores y su ser democrático y cristiano. Obediente a su Partido, aunque creo que él consideraba inconducente, la determinación tomada, también hizo prevalecer el concepto de amistad: “Mi Candidato es Radomiro Tomic”.- Como Ministro del Interior del primer Gobierno DC, le correspondió hacer una gira al extranjero, quedando Don Edmundo Pérez Zujovic en subrogación. A su regreso encontró que su cargo no era “subrogado” sino “ocupado”. Con humildad bienaventurada, para no producir problemas y sin ninguna ambición de poder firmó oficialmente su renuncia al cargo. Después, su Partido, quiso que fuera Candidato a Diputado por Santiago. Recuerdo que no aceptó ningún gasto en propaganda electoral.
No quería que se insultara a los pobres; por lo demás ese dinero, él creía que le pertenecía a ellos. Recuerdo que muchos pensaron, que presentadas así las cosas, Don Bernardo se perdería en la elección; ganó con una de las mayorías nacionales. Creo que Don Bernardo ganó con su Evangelio: “Derribará del trono a los poderosos y enaltecerá a los humildes. Saciará de bienes a los hambrientos y despedirá a los ricos con las manos vacías”. (Texto que inspira nuestra Teología de la Liberación, la verdadera y no la de caricaturas fabricadas, para después poder criticarla).
Se cumplió el Evangelio en este hombre ejemplar, de valores y de juventud de espíritu: de principios cristianos insobornables. Así fue el “hermano Bernardo”. No creía en enemigos ni en enemigos políticos. Los que no pensaban como él, eran sus “hermanos adversarios”. Todos amigos y adversarios eran sus hermanos. No concebía la hermandad y el ser prójimo como algo automático. A la manera de Jesús, el Buen Samaritano, “no consideró indigno hacerse uno más de nosotros”; se aproximó a la humanidad “caída a la vera del camino”, especialmente a los más pobres, incluso, como en la parábola, se aproximó a aquel que el criterio del mundo llamaba “enemigo” y lo hizo su “hermano”. Él vivía lo que decía. No bastaba decir ‘todo ser humano es mi prójimo y mi hermano’. Eso era una teoría. En la práctica hay que hacerse prójimo y hermano; curar heridas, echárselas encima, como quien carga la cruz con Cristo.
Hay que asumir la humanidad caída. Lo que no se asume no es liberado. El Buen Dios nos ha dado “denarios” para cumplir esta tarea. Él a su vuelta, cuales buenos “posaderos” nos pagará y nos devolverá con creces. Don Bernardo compartía todo y con todos, propiciando la civilización del amor, como el Cristo de la Cruz, que no se guardó nada para sí, entregando hasta su propia vida, amándonos hasta el extremo: “No hay amor más grande que éste”. Es el amor del Jesús de la Mesa de la Cruz y de la Mesa de la Eucaristía. Entrega su Cuerpo y su Sangre. “Hagan esto en memoria mía”. Es el mandamiento nuevo, que es más que el “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Se trata de amar hasta el extremo; el único bien material que le quedaba a Jesús: su túnica, fue compartida al pie de la Cruz por sus victimarios. Todo esto era vida en Don Bernardo; eso significa: “Hagan esto en memoria mía”. Es la Misa de la vida de todos los días. Todo esto es la antípoda de la civilización egoísta acumuladora del competir y tener en pocas manos, haciendo la pobreza en millones.
Hay una Población “Don Bernardo Leighton” en Puente Alto. Es emocionante recorrerla; sus pasajes y calles llevan el nombre de un valor, de un principio, cualidad y virtud de este gran y “pequeño” hombre público; también estos pasajes conmemoran fechas importantes de la vida de tan límpido y transparente político chileno. En recorrido por Población, en vez de un “via crucis”, uno recorre una “via letitiae”: un camino de gozo interior y de alegría. A uno le nace solo el cantar el “Himno de la Alegría”. Es la alegría de un hombre de Dios. Y hombre de Dios no es sólo el que hace cosas por Dios, piensa y habla mucho de Él. No. Es hombre de Dios el que pertenece a Dios; el que es propiedad de Dios. Así lo fue este fundador del PDC. Soy testigo de la vida de Dios en Don Bernardo.
Puedo testimoniar acerca de Don Bernardo en tiempo de crisis política de Chile: “Nunca estaré de acuerdo con un Golpe de Estado. Nunca lo he estado. Nunca lo estaré”. No soportaba imaginarse ver correr sangre de hermanos chilenos por nuestra querida tierra chilena. Así le sucedió a Caín con su hermano Abel. Creo que todavía desde el cielo se escucha la voz de Dios: “Caín, ¿dónde está tu hermano Abel? ¿Qué hiciste? Habla la sangre de tu hermano y desde la tierra (chilena) grita hasta mí. Por lo tanto, maldito serás…”.
Ayudó a Salvador Allende. Éste, dos veces lo visitó en su casa De Martín de Zamora. Él mismo me contó acerca de estas dos visitas. En la primera, el Presidente le solicitaba su intercesión ante el PDC. Quería, buscando una salida democrática al problema chileno, un Gabinete Ministerial con militantes del PDC. Le solicitaba que le DC le permitieran cuatro de sus militantes en el Ministerio Gubernamental; recuerdo los nombres de Don Fernando Castillo y de Don Gabriel Valdés. Le fue mal a Don Bernardo en el trámite. La segunda visita del Presidente fue para anunciarle un nuevo intento de salida democrática; convocaría a un Plebiscito soberano. Lo anunciaría el 11 de septiembre en un Acto Oficial que tendría en la Universidad Técnica. Más o menos, el diálogo entre estos dos demócratas fue el siguiente: ‘Oye, Bernardo, que el soberano diga: me voy o me quedo’.
Se adelantó el Golpe para el 11. Don Bernardo se sintió perdedor en su propio Partido que él fundó para una democracia: ‘Perdí… me rectifico: perdimos’ dijo con honda tristeza. Él pensaba que el Presidente no se había salido de la legalidad. Esto lo dijo y lo defendió contra viento y marea: ‘Salvador siempre ha sido demócrata. Fue Ministro a temprana edad; fue Diputado; fue Senador. Fue Presidente del Senado. Fue elegido presidente Constitucional de Chile en elección democrática y fue confirmado como tal en Parlamento Pleno. Yo creo fehacientemente, porque lo conozco, que terminará como demócrata, con empeño, su mandato popular y soberano, démosle tiempo y ayudémoslo’. Después diría: ‘No le dieron tiempo a Salvador’. Y con cierto dejo de picardía decía: ‘Algunos decían: “que el Golpe era inevitable”. No hubo voluntad política para evitarlo. Ahora, algunos del “Golpe inevitable” andan arrepentidos por ahí. Les había dicho, como lo hice con un grupo de universitarios: Ustedes no saben lo que es un Golpe. Si se produce, se acordarán de mí’. Y así fue.- Para Don Bernardo un Golpe no era demócrata ni cristiano. Decía: ‘La democracia se corrige y perfecciona con más democracia’. Era de convicciones y valores permanentes y profundos. Fue un demócrata por toda una vida y un cabal cristiano. Fue muy joven, a los 27 años de edad. Ministro. Fue Diputado. Vicepresidente de la República. Y no olvidarse nunca. Fue fundador de su Partido. Siempre fue fiel a sus valores y principios, incluso renunciando a cargos por esa misma razón.
El atentado que sufrió en el exilio es una prueba fehaciente de su espíritu joven y democrático y de su “peligroso cristianismo” para algunos. Lucho por el retorno a la democracia. Era “pequeño”, humilde y pobre de corazón y alma, pero fue un gigante de la democracia para Chile.
Mentes enajenadas de poder pensaron que Don Bernardo, por su actuación en el extranjero, podría convertirse en Presidente de la República en el exilio. Esa fue la causa principal del brutal atentado. Cayó él y su querida esposa, la señora Anita. Sus sangres corrieron en calles italianas, buscándose la de una con la del otro. Se juntaron en plena calle. Es la unión indisoluble de su matrimonio católico; sangre unida en el atardecer italiano, ofrendándose como su Maestro, razón de su vivir, por la liberación y salvación de su querido Chile- Salieron vivos del brutal atentado. Perdonaron sin que nadie hasta hoy se lo haya pedido como corresponde, para una verdadera reconciliación en la verdad, justicia y perdón. Don Bernardo y su señora, por esta persecución, como una paradoja cristiana, vivieron este dolor con un gozo propio de los “bienaventurados” del Evangelio de Cristo.
He sido testigo presencial de la vida de este gran hombre. Político de estatura de un gran tribuno; de un verdadero demócrata y, por sobre todo, de un santo varón de Jesús. Sería un buen laico canonizado. Algunos podrán creer que exagero, pero no es así, tengo 48 años de sacerdocio. Hablo desde mi vivencia con él. Además, Don Bernardo, por nuestra gran y permanente convivencia, siendo amigo de mi querido papá, me solía llamar: “Tú eres el hijo que no tuve”. En una reunión muy íntima, con presencia de su esposa Anita, con muy hermosas palabras propias de un hombre del Evangelio y de Dios, me entregó un Crucificado que estaba en cabecera de la cama y dormitorio de su mamá. Al pie de este Cristo crucificado nació Don Bernardo, simbólicamente en Nacimiento de Los Ángeles.
En la cabecera de mi dormitorio, en mi casa, en medio de una Población de los pobres, está el Crucificado. Es presencia del Resucitado que venció al mundo y que me hace vivir sin temor mis años que me quedan según la voluntad de Dios. Ese Crucificado es presencia permanente de mi querido amigo Don Bernardo.- Desde que se fue mi padre, en 2008, en un Domingo de Ramos, entrando a la Jerusalén de los Cielos, es que no pienso en proyectos personales futuros a largo plazo; me pregunto con cierta frecuencia: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro del Señor? Más bien trabajo pensando en las nuevas generaciones y en el Chile del futuro.- Gracias a la amistad de mi padre con don Bernardo conocí mucho a este gran político demócrata y cristiano. Doy testimonio de él con mucha propiedad y conocimiento. Se lo dedico a su Partido, pidiéndole, que más que contemplar otros modelos ejemplares, miren la vida de Don Bernardo para encontrar su renovación y tal vez su refundación.- Dedico este escrito a la señora Anita, esposa de Don Bernardo de la cual siempre, con espíritu joven, él estuvo muy enamorado.
Quiero, este escrito, dedicárselo a los políticos y a la política del Chile de hoy, deseando, para mi patria, caminos de verdadera política, democracia, justicia, fraternidad y auténtica liberación de nuestro pueblo del cual soy parte.
Todo lo hago en mi propio nombre, sin pretender representar a nadie. Con afecto y ánimo ciudadano de servicio, también ánimo de hacer y historia y justicia.
Pbro. Eugenio Pizarro Poblete+

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17 de septiembre de 2011 BERNARDO LEIGHTON MINISTRO DEL TRABAJO(1)

El libro “Orígenes y Evolución de la Falange Nacional (Antecedentes de la Democracia Cristiana en Chile)”tesis doctoral que autor de nombre desconocido hasta ahora, presentó en la Universidad Complutense de Madrid, el 3 de julo de 1993, en examen de un tribunal, presidido por el Dr. Raúl Morodo y el Dr. Pedro González Trevijano como secretario de la Comisión examinadora. Actuaron como vocales los Dres. Oscar Alzaga Villamil, Enrique Alvarez Conde y Rosa Martínez Segarra. El trabajo dirigido por el Dr. Cayetano Núñez Rivero fue calificado como un ACTO CUMLAUDE, por unanimidad.

En este libro, al referirse en el III.V LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE 1938 Y LA RUPTURA CON EL CONSERVADURISMO, textualmente se señala todo lo que sigue a continuación: “la Falange Nacional, o bien la Juventud Conservadora, tomó a finales de 1938 un camino diferente del centenario tronco pelucón. Se fueron sucediendo conflictos, que tendrían como resultado final la ruptura definitiva.

Desde su creación la Falange vivió un importante crecimiento en el interior del partido. En las elecciones parlamentarias de 1937 el Partido Conservador se constituyó en la primera fuerza política con 35 diputados. La Falange obtuvo dos diputados: Manuel Antonio Garretón por Santiago y Fernando Durán por Valparaíso. A ellos se unieron otros cinco, que adhirieron a los postulados de la Juventud: Alberto Bahamondes (Antofagasta), Miguel José Yrarrázabal(Coquimbo), Guillermo Echeñique ( San Vicente), Pablo Larraín (Santiago) y Ricardo Boizard(Lontué).

El primer roce serio de los falangistas con el resto de la representación parlamentaria conservadora se motivó con una discusión sobre las tierras magallánicas que eran arrendadas por el Fisco a compañías extranjeras para poder beneficiarse de los cánones de arrendamiento y tributación. Los falangistas querían promover el establecimiento y el alquiler a colonos y así lograr el desarrollo económico de la zona y acercar aquellas lejanas tierras al país. La coalición liberal conservadora se impuso, pero los falangistas arrastraron a otros conservadores a su tesis.

Siguieron los roces y el Partido decidió que no podrían hablar en representación del Partido. A continuación de lo que se ha resumido, se copia textualmente el libro citado: A pesar de estos enfrentamientos, 1937 constituyó un año de triunfos para la Falange Nacional. Su labor se vio compensada con la inclusión de uno de sus miembros, Eduardo Frei, en la Junta Ejecutiva del Partido Conservador; para ello había tenido que contar con el apoyo de viejos hombres del conservadurismo como Luis Gutiérrez Allende, Miguel Cruchaga Tocornal y, sobre todo, de Rafael Luis Gumucio, cuya casa se convirtió en un centro permanente de las actividades de la Falange.

La Falange Nacional escaló poco tiempo después el último peldaño que, por aquellos años, podía aspirar a lograr. Gracias a las iniciativas de Rafael Agustín Gumucio, los falangistas contaron con un puesto en el gobierno de Arturo Alessandri. De esta forma Bernardo Leighton fue nombrado Ministro del Trabajo. Desde este puesto Leighton pensaba llevar a la práctica las enseñanzas recibidas en el seno de la Acción Católica. Siguiendo las lecciones del padre Vives, Leighton consideraba que el Ministerio del Trabajo era el Ministerio de los pobres, no para ir contra los ricos o hacer demagogia, sino para defender en sus derechos a los que tienen pocos recursos propios para hacerlos por sí mismos.

Desde el periódico falangista “Portales” se describía la actuación de Bernardo Leighton como diferente al resto de los Ministros del Trabajo anteriores a él, se decía que Leighton no buscaba la solución de cada conflicto entre las cuatro paredes de su Ministerio, sino que se ponía en contacto directo con los trabajadores y se trasladaba a donde hubiera un problema que solucionar.

En el mismo gabinete donde Leighton ocupaba la cartera de Trabajo se encontraba otro miembro del Partido Conservador, educado al igual que Leighton en las enseñanzas sociales de la Iglesia, el Doctor Eduardo Cruz Coke, quien desempeñaba el cargo de Ministro de Salud.

La postura de Bernardo Leighton dentro del gabinete de Arturo Alessandri, atravesó momentos de gran dificultad que provocaron la presentación de su dimisión en dos ocasiones. La primera fue presentada el 14 de diciembre de 1937. Por aquellos días se acababa de votar el proyecto de ley propuesto por el gobierno sobre las tierras magallánicas y el voto en contra de la Falange Nacional situaba a Leighton en una posición tan incómoda que consideró que su deber era dimitir, pero Arturo Alessandri no aceptó su renuncia.

La segunda vez que Leighton presentó su dimisión , esta vez con carácter irrevocable, fue el 10 de marzo de 1938. Los hechos que provocaron esta dimisión hay que remontarlos al mes de Enero de 1938, cuando el Presidente de la República ordenó la confiscación del N°285 de la revista humorística “Topaze”. El suceso fue llevado a los tribunales que fallaron contra esta actuación presidencial por considerarla anti-constitucional. Cuando el veredicto se dio a conocer los ministros conservadores presentaron su renuncia, pero todos, salvo Leighton, retiraron sus dimisiones.

Años después, en un acto de proclamación de candidatos de la Democracia Cristiana, se definió la actitud de Leighton como una opción de la “¡Libertad con Justicia ¡

“Libertad para alejar el peligro de toda dictadura. Justicia para que cada ser humano recobre el sentido de su propia dignidad. Libertad y justicia para remover hasta los cimientos nuestras estructuras, pero con sentido humano y validez histórica. Leighton es la antítesis de la libertad con justicia, señuelo de los plutócratas para adormecer a los débiles, y de la justicia sin libertad, trampolín de los aventureros para someter a los pobres y a los ricos”

La renuncia de Leighton y los conflictos entre la Falange Nacional y el Partido Conservador en el seno del Parlamento son producto de “una interpretación distinta respecto a la aplicación práctica de la Doctrina Social de lglesia, un abismo generacional muy grande entre los dirigentes máximos del Partido y los de la Juventud, una pugna de poder entre ambos, el querer impedir la “vieja guardia” que los jóvenes conquistaran el Partido cambiándole su rumbo y hasta su naturaleza, y por último, una nueva visión sobre el papel de los cristianos en política, menos confesional”. Estos conflictos se fueron agudizando a lo largo de 1938, y durante el proceso de las elecciones presidenciales.”
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Nota: Como Editor de nuestra página me he permitido incorporar a ella este interesante artículo de valor actual y del pasado, respondiendo a un mensaje de Eduardo Veas, socio y director de nuestra corporación, que presento a continuación. 14 de julio de 2013

“Estimados consocios y amigos:

Adjunto lo que extracté textual de un valioso estudio sobre la Falange Nacional, cuyo ejemplar me lo proporcionó la consocia Elba Contreras, que lo rescató cuando lo iban a botar unos parientes. No se sabe el nombre del autor, pero sería alguien que estuvo en la Embajada de Chile en España, tal vez el embajador mismo. Podría quedar entre los documentos que se colocan en el sitio web.
Fraternalmente

Eduardo Beas

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Documento preparado por Alberto Jerez, junio de 2012

BERNARDO LEIGHTON

Bernardo rehuía a los elogios pero despedido de nosotros debió soportar un alud de alabanzas de sus camaradas y de gente de todos los confines, porque al final enclaustrado en sí mismo y dado a reflexionar, sus virtudes humanas y políticas lo sobrepasaron y ya estaban en la conciencia de todos.

Tomo algunas expresiones de cartas y publicaciones a raíz de su partida que recuerdan todo lo que nos dio como el visitante a diario del local de la Falange en Alameda 540.

De Ernesto Corvalán: “Con nostalgia de tiempos de mayor ilusión. Como nuestro hermano Bernardo así hemos sentido a Bernardo Leighton en la fraternidad del Partido y en la dilatada brega que hemos sostenido a través de los distintos años.

Y en estos días cuando han emergido las imágenes de su vida de luchador incansable, con perfil de esclarecido estadista, podemos hablar de la confianza y de la fraternidad que lográbamos gozar en los comunes empeños de los primeros años”.

De un compañero de la Cámara de Diputados y fundador de la Falange Mario Arancibia, separo estas líneas: “Dijo Leopoldo Lugones: “Sólo se despide con un último adiós a los que no habiendo hecho más que pasar por la vida, acabar para siempre en la tumba que cierra sobre ellos las puertas de la eternidad.

Hay otros que, señores del tiempo, su cortejo fúnebre no constituye un acompañamiento final sino un homenaje a la inmortalidad conquistada. El jueves 26 de enero de 1995 no fue el final para Bernardo Leighton Guzmán. Porque no pudo irse, porque tiene que quedarse.

La tumba que se cavó en la tierra del Parque del Recuerdo ha de parecer la tierra cavada para un árbol, cuya raigambre ya estaba y estará en el alma nacional que tuvo en el hermano Bernardo, el compendio de virtudes, de gestos, de ideales y de amor a Chile, a los chilenos, que magnifica a una nación que tuvo la suerte de tenerlo por 85 años como la luz señera y que puede mostrar con orgullo a sus hijos y extranjeros”

“Murió en paz” – dijo Monseñor Cristián Precht- por supuesto después de esa vida cristalina dedicada sólo a impulsar valores cristianos y obtener las mejores condiciones de vida para todos menos para él mismo. En el hecho vivió para los demás.

Andrés Aylwin, una figura política y moral de la Falange, calificó a Bernardo como “Un hombre profundamente humano, sencillo y modesto, muy inteligente y un gran orador que llegaba al alma porque hablaba con el corazón. Cristiano ejemplar que proyectó los valores del evangelio, tal vez como nadie, a la vida política”.

“No se debe olvidar su lucha heroica por evitar el rompimiento de la institucionalidad el 11 de septiembre de 1973”.

Otto Boye un estudioso e inteligente militante, autor de una biografía de Bernardo, dejó su testimonio: “Fue un hombre de esos que pasan pocas veces por la vida de los pueblos. Con vocación de servicio inspirada en Jesús de Nazaret y con gran religiosidad en su vida personal. No predicó con la palabra sino con el ejemplo permanente y abundante, practicado hasta el heroísmo con pasmosa sencillez. He llegado a la convicción de que conocimos a un santo, a la altura de los mejores que han llegado a los altares. Un santo laico, un santo en la política”.

Esto de la santidad de Bernardo Leighton es vox populi a todos los niveles empezando por quienes fueron sus amigos y por lo tanto lo conocieron mejor. El periodista Guillermo Sandoval acomete el tema directamente: “Don Bernardo fue un edificio fundado sobre las rocas de los principios y de la doctrina y él mismo fue marcado a fuego por la Buena Nueva de Cristo. No hay otra personalidad pública que nos pueda mostrar como él, que la santidad es posible en la política. Culto, sabio con el mundo abierto al poder y al éxito terrenal, prefirió vivir con gran sencillez”.

En lo que se refiere a quienes como los jóvenes de la Falange compartíamos casi a diario con Bernardo en el local de Alameda 540, si le hubiéramos trasmitido en vida estas opiniones sobre él, lo más seguro que nos hubiéramos ganado un amistoso reto pues él no se sentía merecedor de nada que lo colocara aparte del género humano.

Siempre abierto al buen humor, en la Junta Nacional de la Falange donde se trenzaba en acalorados debates con Bosco Parra, solía dirigirse a éste con un juego de palabras diciéndole, “mi estimado Hosco Parra”.

Su bondad no era debilidad y muchas veces dio prueba como en el caso que citamos. Entre los más destacados oradores, que fueron muchos, la palabra de Bernardo siempre era esperada por ser trasparente y comunicativa.

Bosco Parra, con su memoria privilegiada recordaba que recién llegado a la Universidad, concurrió a una concentración de la Falange en el Teatro Dieciocho, nuestro Caupolicán de esos años; en la ocasión, un discurso de Bernardo era interrumpido con frecuencia por un socialista situado en la galería. Con toda tranquilidad Leighton se dirigió al molestoso y le dijo:

– Oye, tú que tienes tantas ganas de hablar ¿Cómo te llamas?

– ¡Tolosa, me llamo Tolosa!

A lo que Bernardo respondió:

– ¡Qué te vas a llamar Tolosa, si tú eres Triviño! Descalificándolo de partida.

Con la risa general, el interruptor no molestó más.

Ernesto Corvalán recuerda el origen del apelativo más universal y apropiado de Bernardo, el de“hermano” y lo sitúa en una crónica de Ricardo Boizard, otro gigante de la primera hora de la Falange.

“También fui amigo y camarada de Ricardo Boizard, periodista del diario `Clarín´, quien firmando como `Picotón´ escribía una crónica diaria para criticar al Gobierno de Frei Montalva, que el mismo había ayudado a elegir.

Fue este Picotón, cronista brillante e impredecible, el que un día lo motejó de Abad, porque dijo de Leighton que no se portaba en La Moneda como un gobernante triunfador y revolucionario. Él lo advertía más, como un componedor, siempre recibiendo a los opositores, a los terratenientes, a los especuladores y, en general, al que se presentara por el Palacio; a él, se le figuraba más apto para manejar un convento que para dirigir el principal Ministerio de la Revolución en Libertad, por lo tanto, lo llamaría el Hermano Bernardo”.

Por eso también llamado el “gran dialogador”, era más que frecuente verlo en alguna calle del Centro -Ahumada, Moneda, Agustinas o Huérfanos- caminando tomado del brazo como lo hacían los viejos, en un diálogo que Bernardo tenía que hacer muy entretenido.

El hermano Bernardo resplandecía cariño y por eso se le perdonaba todo. Un día yo acompañaba a más de veinte sindicatos de Lota, Coronel y Arauco. No me dejaron en paz hasta que lo llamé y le dije que todos querían pasar a verlo sólo para saludarlo ¡Ven chascón con tus amigos, este ministerio (de Interior) es la casa de todos!

Ya tenía la antesala repleta y cuando entramos les dijo ¡Aquí llegó el chascón con sus mineros, salúdense! Y nos fue presentando a la gente de la SOFOFA, al Colegio de Abogados, a tres senadores de derecha, etc., generando una animada tertulia.

Al rato dijo. Voy a hablar con el Presidente y vuelvo luego. No volvió más y pasada las dos nos fuimos retirando sin otra expresión que algo como: “este Bernardo”, todo dicho con comprensión y simpatía.

Vicente Sota, figura histórica de la Falange y Presidente de la Cámara de Diputados, escribió sobre Bernardo Leighton reivindicado recordando la época en que algunos obispos trataron a los falangistas de enemigos de Cristo y ahora son muchos que estiman que uno de los falangistas más insigne, sino el que más, fue uno de las católicos más insignes.

El legado histórico que deja a sus seguidores es de haberlos inducido a buscar la confianza del mundo del trabajo en una dirección política de inspiración cristiana. Y el legado moral que nos deja a todos es el haber colocado en el centro de la acción pública los más altos valores de la ética, y que sólo es respetable el dirigente político que dedica su vida a convertir en realidad los principios en que cree. Y todo ello con una sonrisa de bondad.

Es el misterio de esa bondad el que erige a Bernardo Leighton como un símbolo, al que su muerte lo presenta hoy más vivo que nunca.

“Varón justo y bueno, camina hacia el regazo de tu Señor…”

Juan Hamilton, que fue subsecretario cuando Bernardo fue ministro de Interior de Frei Montalva, recuerda a Bernardo con la chispa y la gracia que caracteriza a Juan y aterriza en lo que fue la actuación del querido ministro.

“Tuve el honor de trabajar estrechamente junto a él, como subsecretario del Interior, cuando él ejercía el cargo de ministro de esa cartera durante la primera parte del Gobierno de su camarada y amigo de toda su vida, el Presidente Frei Montalva.

Siendo diputado por Santiago a comienzos de los años 70 hizo lo imposible, usando su experiencia y ascendiente, para impedir el quiebre de la institucionalidad democrática. Y cuando éste sobrevino, tomó la decisión de radicarse en Europa para trabajar pacíficamente para recomponer la convivencia nacional quebrada”.

Una opinión inobjetable es de otro de los grandes valores de la política chilena en el siglo pasado. Jaime Castillo con el título “Un santo en lo político” escribió lo siguiente: “Si la santidad es llevar el sentido de la bondad, de la amistad, de la comprensión, del deber hacia los demás, de la autenticidad, del amor, en suma, a un muy alto grado de realidad, Bernardo Leighton fue un santo”.

“Dedicó su vida a la política. Allí no hizo sino derramar amistad entre toda la gente que pudo conocer. No la usó para absolutamente ninguna prebenda o conveniencia personal. Fue como si estuviese marcado por la necesidad de hacer de la política una forma de bien para todos. Era el hombre sin enemigos, el que no hizo otra cosa que tratar de entender a todos, aun a aquellos que parecían estar más lejos de su posición. El interior de su alma se reflejó en esa costumbre infinitamente bella de caminar por las calles, conversando, saludando, recibiendo la cordialidad y la simpatía de cuantos pasaban por su lado”

Jamás buscó nada para sí. Pero aceptó todos los trabajos que se le pidieron. Cuando ejerció autoridad, permaneció siendo el mismo de siempre. Cuando se discrepaba de él, ello no era para abrigar algún resentimiento u hostilidad. Bernardo llamaba precisamente a aquel con el cual discrepaba y depositaba la misma confianza en él o en otros más cercanos a sus ideas.

No sería fácil encontrar en la vida de estos días a alguien como Bernardo Leighton. Quien lo conoció; lo amó y reverenció.

Por eso mismo, es absolutamente imposible entender que se pudiere firmar un decreto de exilio en su contra y todavía más que abrigaran la idea de atentar contra su vida. El sentido más profundo de lo humano se rebela en contra de ello.

Pero, Bernardo y Anita contestaban con perdón venido desde el fondo mismo de su ser. Eso estremece nuestros corazones y esperamos que la vida, el respeto y la muerte de Bernardo Leighton sirvan para enaltecer e impregnar la manera misma de vivir de los chilenos”.

Mientras no tuvo hijos, Bernardo entregó todo su afecto y su inteligencia a los jóvenes de la Falange. Si bien todos los que con él fueron fundadores del Partido, léase – -Frei, Palma, Tomic, Piñera Carvallo, Sánchez, Valdés- eran asiduos al local de Alameda 540 y compartían con todos los militantes, Bernardo era el más asiduo.

La presencia casi diaria de estos gigantes de la política, como la denominó Julio Silva, es lo que explica que esa Casa Central estuviera siempre repleta y el bullicio era algo como música semi sinfónica.

Si te tocaba encontrar a Bernardo en la calle, no te soltaba, para que lo acompañaras hasta su destino, lo que siempre resultaba un agrado por su conversación alegre e inteligente.

Porque la relación con la gente era una de sus debilidades. Cuando vivía cerca de Julio Silva y como sus relaciones eran frecuentes, caer en medio de ellos, siempre era gratificado con una cordial acogida.

Conociéndolo bien en los últimos días de Bernardo, con Eduardo Cruz Coke, siempre dispuesto, acudíamos a visitarlo y lo llevábamos conversaciones divertidas para lo que era difícil encontrar un interlocutor más idóneo que Eduardo, por su cultura y sensibilidad.

Teníamos, a veces, la sensación de que no nos sería posible disponer de Bernardo por mucho tiempo, por su edad, ya que su inteligencia y lucidez mental eran las de toda su vida; pero eso no nos acongojaba porque al igual que lo que observó Jaime Castillo estábamos en la presencia de un santo.
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Valores en Bernardo Leighton Guzmán

Palabras del doctor Enrique Cancec Iturra en el acto de homenaje a Bernardo Leighton del 21 de agosto de 2008, en la Ilustre Municipalidad de Santiago

Sr. Alcalde de la Ilustre Municipalidad de Santiago, don Raúl Alcaíno
Sr. Patricio Aylwin Ex Presidente de la República
Srs. integrantes del Directorio y socios de la Corporación Educacional Bernardo Leighton Guzmán.

Estimadas filias y amigos:

Y permítanme, para comenzar, utilizar este término “filias” que es el que acuñaba Aristóteles para referirse a los amigos. Decía: “Son amigos aquellos que navegan en un mismo barco y están sometidos a los mismos riesgos y a los mismos éxitos”. Y qué mejor que ser conducido en este barco de principios valóricos por el mejor Capitán, la primera figura moral, el primero entre los primeros y el mejor entre los mejores: Bernardo Leighton Guzmán. De esta manera se refería el gran Radomiro Tomic, a su maestro.

Permítanme también recordar algunos socios fundadores de la Corporación que seguramente están presentes espiritualmente y que no pueden concurrir a este homenaje en forma material porque debieron partir antes al encuentro con la divinidad. Entre ellos están Enrique Sanhueza , Ricardo Bize, Rafael Fernández, Emilio Morales , Jaime Castillo, Egon Lewis , y por último una gran amiga de nuestro inspirador, la Señora Carmen Lazo quien se había comprometido a participar entregando su testimonio en este homenaje.

Quiero agradecer el apoyo y las finas atenciones de la Ilustre Municipalidad de Santiago, y de todos aquellos que hicieron posible que se efectuara este homenaje, en especial, Wilna Saavedra, Rolando Chateauneuf y Ramón Valderas. Y, por supuesto, la presencia de todos ustedes.

La Corporación Educacional Bernardo Leigthon Guzmán, que tengo el honor de representar, tiene como misión hacer realidad el ideal humanista cristiano que guió a nuestro inspirador en el campo del arte, la cultura y la política.

Se le llamó “hermano Bernardo” y no consideró a nadie como enemigo, pasó por la vida haciendo el bien y dejó una huella imperecedera. Por eso, la Corporación desea proponer a Bernardo Leighton a las generaciones jóvenes, como también a las instituciones modernas, como modelo a seguir sin jamás apartarse de lo justo, lo racional y lo bueno. Don Bernardo poseyó el don de vocación fruto de su gran generosidad espiritual y material.

Un chileno de excepción a juicio de cuantos lo admiraron y respetaron, opiniones compartidas tanto por sus correligionarios como sus opositores.

Don Bernardo, es un ejemplo de persona a la cual se sigue y se quiere aunque existan diferencias. Es francamente excepcional, es muy raro encontrar una persona tan llena de un alto espíritu de extrema bondad y al mismo tiempo tanta seguridad en lo que piensa y cree.

Son muchas las características que hacen que Don Bernardo sea un maestro en lo ético, en lo político y en su forma de vivir, pero yo quisiera simplemente destacar hoy día, el respeto al pensamiento de los demás, pluralismo, la defensa a los principios, su visión de democracia y su don de maestro.

Es así que en sus propias palabras, tocaremos estos aspectos, sobre los cuales Bernardo Leighton no sólo escribió sino que hizo vida y ejemplo.

Pluralismo

Decía sobre este tema: “El pluralismo no sólo es un concepto que indique variedad de opiniones, sino que mucho más, es aceptar al otro en cuanto es otro cuyo aporte es decisivo para que se generen las condiciones para la democracia

En el pluralismo los hechos pueden reconocerse y apreciarse desde diferentes puntos de vista, pero ellos pueden compartir criterios de evaluación epistémico o moral

El pluralismo acepta la posibilidad de diversos puntos de vista, de formas legítimas de conocer y de interactuar en el medio así como de incentivar lo que es realmente correcto”.

La defensa de los principios

Decía Don Bernardo al referirse a la juventud: “Una de las más tristes lecciones que recibe en la actualidad la juventud chilena y que ciertamente no seguirá jamás, es aquella lección dada por quienes afirman que es necesario dejar de mano los principios cuando está de por medio la realidad de los hechos.

¡Si para algo no debiera permitirse libertad en este país es, indiscutiblemente, para dictar esta clase de enseñanzas!

Así, en la política como en la vida, lo racional, lo humano lo occidental, lo cristiano consiste precisamente en mantener en todo momento los principios de la razón a fin de modificar con ellos la realidad en lo que ésta siempre tendrá de modificable

Abdicar ante los hechos es abdicar ante la materia ante la historia

Naturalmente que las doctrinas no tienen por objeto de ser conservadoras en el libro o en la cátedra, recordarlas cuando nadie las dispute, las olvide o las pisotea

Son para luchar por ellas, hoy más que nunca”.

En otra intención declara: “Hay que emprender un apostolado también de la Nación chilena.

Enérgico frente al mal, a la mentira y al egoísmo

Piadoso con los engañados y los débiles

Un apostolado que se ejercite en todas partes: desde el gobierno al parlamento, hasta el último organismo del estado, desde la capital de la república, hasta la aldea mas lejana, desde las directivas de los partidos políticos y de las organizaciones de profesionales y económicas hasta el más pequeño centro de actividad y de propaganda.

Un apostolado tolerante, para que no excluya a nadie odiosamente: sincero para que no lo tuerza el aplauso ni la pifia, cristiano, para que busque el corazón y lo convierta”.

La democracia

Sobre la democracia, reflexionaba del siguiente modo: “Quiero referirme a lo que para mí es la democracia de manera muy personal, en relación a lo que yo he podido apreciar, partiendo de recuerdos ya muy lejanos.

Por primera vez empecé a reflexionar sobre las ventajas de un gobierno de esta naturaleza, cuando todavía estaba en el colegio, en quinto año de humanidades.

Comprendí, con gran fuerza, que los pueblos debían tener participación real en la conducción de un país y que esta participación debía darse en todos los niveles, también en el lugar de trabajo, el desempeño profesional, en las expresiones del arte y la cultura.

Asumí también la convicción de que el gobernante debe ser un servidor de las necesidades del pueblo y no fundamentalmente un buscador de su condición de gobernante.

Comprendí también que esta esperanza y esta aspiración del pueblo es una tarea extraordinariamente difícil y que muchas veces se frustra, produciéndose situaciones totalmente contrarias

En esos años gobernaba Chile don Arturo Alessandri. En septiembre de 1924 pude observar la primera acción de derrocamiento de un gobierno elegido por el pueblo que yo conocí. Fue un golpe de derecha en contra de un gobierno democrático.

En esos años crecí oyendo lo que pensaban mi padre y mi madre, la que tenía a mi juicio- y confirmado más tarde- , una apreciación muy objetiva y fraternal de esta necesidad de que el pueblo fuera gobernado por quienes tenían la intención de servirlo, de luchar realmente por la realización de estos objetivos.

Desde entonces para mí la democracia es fundamentalmente una forma de gobierno que se traduce en “servir al pueblo, respetar los derechos de todo el pueblo, sin imponer ideas”. Es una forma de servir la idea que predicó Cristo en este mundo.

En los últimos días de la dictadura de Ibáñez me tocó participar en un cortejo, eran los funerales de Alberto Zañartu Campino, el que pasó por la Alameda, frente a la Moneda.

Muy cerca mío se empezó a gritar contra Ibáñez pidiendo su cabeza. Yo reaccioné contra esto y manifesté que lo único que cabía que gritar era libertad y democracia para Chile. Me hicieron caso y se cambió el grito. Esto refleja un espíritu positivo de nuestro pueblo, en el sentido de luchar por los valores, de superar los males del país. Por eso me interesa destacar este recuerdo.

El respeto al pensamiento de los demás, la vocación democrática de servicio al pueblo, todo ello constituye para mi la esencia de la democracia. Esto pude vivirlo largos años en Chile, con dificultades, con retrocesos y con errores. Todavía tenemos su pérdida y su recuperación pendiente.

No sé cuándo será posible la recuperación de la totalidad de nuestra democracia, que hoy existe sólo en muy escasas expresiones, las mismas que estos días parecen volver a perderse.

Para mi la democracia ha sido esta manera de vivir la vida de nuestro pueblo, en nuestro Chile, que ha tenido muchos problemas en su historia, pero también mucha grandeza.

Grandeza que en mis opiniones debe a la democracia que existió en un largo periodo de su historia. Cien años sin guerra. Algo que no le ha sucedido a ningún pueblo de Europa, lo hemos vivido los chilenos.

La democracia contribuyó también a que no tuviéramos grandes problemas de violencia interna. También se van a cumplir cien años de la última guerra civil que tuvimos. Distinto es llamar guerra civil a situaciones que no fueron tal.

Gobiernos dispuestos a buscar la paz, a buscar justicia, a conservar la libertad. Para mí eso es la Democracia. Así la viví en Chile”.

“Señoras y señores he querido en una breve síntesis mostrar algunas de las características de nuestro inspirador, un hombre que nos enseño en el convivir, que es el pluralismo, la necesidad de mantener los principios, que es la democracia. Don Bernardo Leighton nos deja un legado de enseñanzas, y aprendiendo que enseñar es más trasvasijar el alma que conocimientos. Enseñar es como siempre dijo la palabra, marcar con la seña el alma de otro, para que entienda lo que sepa. Es menester de maestro y de discípulo y su libro no se encuentra en ninguna biblioteca

Hablo de una seña cuya forma va dibujando lentamente el amor y el tiempo, hasta que viene a ser, como la de Pentecostés, lengua de fuego parpadeando sobre la inteligencia y el corazón, entibiándolos para lo que van a ser y hacer .

“Donde se cree en lo que digo hay una filosofía, y donde quiera que alguien lo enseñe hay una escuela. Cuando a eso llegan discípulos aparece la Universidad”.

A esa Universidad es la que nos invita don Bernardo, a la universidad de convivencia, de la aceptación, del pluralismo, de la democracia de la defensa de los principios, y del amor en una palabra.

Gracias, Don Bernardo, por haber hecho tantas cosas perdurables, librado tantas batallas y alcanzado grandes honores, pero la justificación mayor de su vida como chileno y como demócrata, no está detrás, no es parte del pasado sino del porvenir alumbrando con el ejemplo de su vida a todos aquellos comprometidos por un mundo mejor

Eso es lo quería compartir con Ustedes.

Gracias

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Bernardo Leighton gran defensor de la democracia

Importante declaración de los llamados 13, poco después del golpe militar de 1973. Declaración promovida por Bernardo Leighton hace 33 años.

La siguiente declaración no es publicada en Chile hasta el año 1974, sin embargo constituye un importante punto de referencia para comprender la contingencia política de la época.
Fuente: “Hermano Bernardo

11sept.0
“DECLARACION POLITICA”

“Hoy, 13 de septiembre de 1973, los abajo firmantes, dejando constancia de que esta es la primera ocasión en que podemos reunirnos para concordar nuestros criterios y explicitar nuestra posición política, después de consumado el golpe militar de anteayer, venimos en declarar lo siguiente:

1) Condenamos categóricamente el derrocamiento del Presidente Constitucional de Chile, señor Salvador Allende, de cuyo Gobierno, por decisión de la voluntad popular y de nuestro partido, fuimos invariables opositores. Nos inclinamos respetuosos ante el sacrificio que él hizo de su vida en defensa de la Autoridad Constitucional.

2) Señalamos que nuestra oposición a su gobierno fue siempre planteada para preservar la continuidad del proceso de cambios que tuvo el honor de iniciar en nuestro país el gobierno de la Democracia Cristiana y al mismo tiempo para impedir su desviación antidemocrática. Mantenemos en todas sus partes las críticas que en dicho contexto formulamos al gobierno de la Unidad Popular y al Presidente Allende. Reiteramos, por eso mismo, que, en conformidad a nuestras convicciones personales y a las repetidas determinaciones de la Democracia Cristiana, jamás tuvimos otra actitud parlamentaria o particular que no fuera la oposición dentro del cauce democrático destinada a obtener la rectificación de los errores cometidos por el gobierno del Presidente Allende e impugnados por nosotros.

3) La falta de rectificación, que en definitiva nos llevó a la tragedia, es responsabilidad de todos, Gobierno y Oposición, porque el deber de mantener una democracia no puede ser eludido por nadie. Pero a nuestro juicio hubo quienes tuvieron mayor responsabilidad.

En primer lugar, el dogmatismo sectario de la Unidad Popular, que no fue capaz de construir un camino auténticamente democrático para el socialismo adecuado a nuestra idiosincracia. Especial condenación merece la irresponsabilidad de la ultraizquierda.

En segundo lugar, la derecha económica que, con fría determinación, aprovechó los errores de la UP para crear un clima de tensión, de ceguera y de pasión política que, unido a lo anterior, hizo imposible un consenso mínimo al descalificar a quienes lo buscábamos con objetividad y con cordura.

4) Estos sectores extremos alienaron psicológicamente a la opinión pública e incluso a numerosos dirigentes políticos y jefes militares, creando la sensación falsa de que no había otra salida para la crisis chilena que el enfrentamiento armado o el golpe militar. Reiteramos hoy, igual que siempre, nuestra convicción profunda de que, dentro de los cauces democráticos, habríamos podido evitar en Chile la implantación de un régimen totalitario, sin necesidad de pagar el costo de vidas y los excesos inevitables en las soluciones de fuerza.

5) La Junta Militar ha manifestado su intención de restituir el poder a la voluntad del pueblo y respetar las libertades públicas. Esa intención la recogemos como positiva para la restauración democrática y la paz social y esperamos que se cumpla sin demora al tenor de las declaraciones formuladas.

6) En cuanto a nosotros, consideramos que nuestra suprema responsabilidad en esta hora, la que asumimos por encima de toda otra consideración, reside en proseguir la lucha por los principios de la Democracia Cristiana y por la restauración de la democracia chilena, fuera de la cual aquellos carecen de vigencia. Los hechos que hoy lamentamos señalan que sólo en libertad, sustentada por la mayoría del pueblo y no por minorías excluyentes, se puede aspirar a la transformación humanista y democrática de Chile que constituye nuestra meta y fortalece nuestra voluntad.

Firman: Bernardo Leighton Guzmán, Diputado, Ex-ministro, Ex-vicepresidente de la República; Ignacio Palma Vicuña, Ex-diputado, ex-ministro, ex-presidente del senado; Renán Fuentealba Moena, Senador, ex-diputado, ex-delegado de Chile a las Naciones Unidas; Radomiro Tomic Romero, profesor universitario, ex-diputado, ex-senador, ex-embajador; Fernando Sanhueza H., Diputado, ex-presidente de la Cámara; Sergio Saavedra, diputado, ex-intendente de Santiago; Claudio Huepe G., diputado, ex-Intendente de Arauco; Andrés Aylwin Azócar, diputado; Mariano Ruiz-Esquide, diputado; Jorge Cash M., profesor, periodista; Jorge Donoso, abogado, publicista; Belisario Velasco, economista, ex-gerente de la Empresa de Comercio Agrícola; Ignacio Balbontín, sociólogo, profesor universitario; Florencio Ceballos, abogado, asesor sindical; Waldemar Carrasco, diputado; Marino Penna, diputado.”

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“Bernardo Leighton Guzmán”(1910-1995)

(Artículo publicado en la Revista Mensaje de diciembre de 2009.
Su autor el Otto Boye)

La figura de Bernardo Leighton, ya grande en vida, crecerá con el tiempo a medida que se vayan despejando las pasiones que impregnaron el tiempo en que les tocó vivir. Será así que porque, aún en ese escenario, su existencia iluminó su entorno y dejó una huella imborrable. Repasar su vida entera ahora, supera en cualquier caso, los límites de estas breves líneas.

Llegó al mundo en Nacimiento y se educó en Los Ángeles, primero, y en Concepción y en Santiago, después. Su ingreso a la política se produjo durante la presidencia dictatorial de Carlos Ibáñez del Campo, contra la cual luchó activamente.

Hombre de fe religiosa vivida con intensidad descubrió la Doctrina Social de la Iglesia junto a un selecto grupo de compañeros (Frei, Carretón, Gumucio, Tomic, Palma, entre otros) y decidió incorporarse a la gran empresa de intentar encarnar en la realidad nacional los valores que emanaban de ese cuerpo de principios generales, que hasta ese momento habían sido expuestos en las encíclicas Rerum Novarum (1891) y Quadragessimo Anno (1931). La vía escogida se tradujo en su ingreso al Partido Conservador. Por poco tiempo. Él y su grupo terminaron creando otro partido, la Falange Nacional, que situaron, en su origen, “más allá de las derechas y las izquierdas”. Culminó este proceso en 1957, cuando se fusionaron con otras fuerzas y fundaron el actual Partido Demócrata Cristiano.

Entre tanto, Leighton fue Ministro del Trabajo a los 27 años de edad (1937-1938), Ministro de Educación (1950-1952) y Ministro del Interior y Vicepresidente de la República (1964-1968), diputado varias veces, alto dirigente partidario.

No obstante lo dicho, lo que merece destacarse, más allá de la historia formal, es la actitud de este hombre en la política, que reviste características dignas de mencionar. Surge así la figura del hermano. ¿Un hermano de todos los chilenos en la política? ¿O algo más que eso?

Cualquier referencia a Bernardo Leighton Guzmán concluye dando testimonio de que fue un ser especial en la vida nacional. En un campo donde las luchas por el poder producen enconos y enemistades de todo tipo, actuó como un cristiano consecuente hasta el heroísmo, un político que rescató con su ejemplo los valores más profundos del humanismo cristiano.

“DE ESOS QUE PASAN POCAS VECES”

Habla por sí sola una carta dirigida a Leighton por Eduardo Frei Moltalva, escrita el 16 de febrero de 1973, en medio de las tensiones de la época. Cito el párrafo más elocuente: “Has sido el fundador de nuestro Partido. Y, más que eso, yo diría su espejo moral. En la historia política de Chile hay pocos ejemplos de un hombre que se haya movido más desinteresadamente, más limpiamente. Nunca has buscado ni el brillo ni el beneficio personal. Siempre te ha interesado Chile y su democracia como supremos valores que inspiran tu conducta”

Esta descripción, hecha a pesar de existir algunas discrepancias entre ambos, alude a un hombre recto, humilde y sólo interesado en servir valores supremos, como Chile y su democracia. Este testimonio es esencial por lo sucedido después: vino una larga dictadura y comenzaron los peores padecimientos de Bernardo Leighton y su esposa, Anita Fresno. Salieron de Chile invitados a Italia y se les prohibió regresar, quedando exiliados en ese país. A este hecho, que les causó `profundo dolor, se agregó el atentado en Roma contra sus vidas (6 de octubre de 1975), a un paso del Vaticano. Este crimen, con autores conocidos, cambió radicalmente sus existencias, pues, salvando milagrosamente la vida, quedaron ambos con secuelas físicas. Leighton decidió, a partir de entonces, retirarse de la política activa y consagrarse a cuidar y acompañar a su esposa, y a compartir con sus amigos en amenas veladas. Ella fue herida “por balas que eran para mí”, me dijo una vez emocionado, agregando que esta circunstancia era para él, a partir del atentado, su “único sufrimiento”.

Al final de mi libro Hermano Bernardo (1999) hice unas afirmaciones que, particularmente en esta revista, pueden volver a consignarse hoy:

“Fue un hombre de esos que pasan pocas veces por la vida de los pueblos. Con vocación de servicio inspirada en Jesús de Nazareth y con gran religiosidad en su vida personal, no predicó con las palabras, aunque las haya usado con frecuencia, sino con el ejemplo permanente y abundante, practicando hasta el heroísmo, con pasmosa sencillez. Personalmente he llegado a la convicción de que conocimos a un auténtico santo, a la altura de los mejores que han llegado a los altares. Un santo laico, un santo en la política, probablemente como lo fue Tomás Moro en su tiempo, que fue proclamado santo por la Iglesia. No por casualidad surgió y se popularizó la imagen del `hermano´. Ella fue acogida como exacta descripción de lo que irradiaba su persona”.

Leighton permanecerá en el recuerdo y en el registro histórico como una de las grandes figuras del siglo XX. Su conducta dignificó la política en todas sus dimensiones, mostrando a un hombre de acción al servicio de sus semejantes. A un cristiano ejemplar, ampliamente reconocido por partidarios y adversarios, del cual todos debemos estar orgullosos”

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Libro de Baldo Santi “Algunos recuerdos de mi vida”

Párrafos referentes a Bernardo Leighton

Al recordar a estos chiquillos no puedo dejar de rememorar a un gran amigo, un hombre austero, de figura menuda y serena, sencillo, sin pretensiones, con ojos llenos de picardía, una persona que matizaba constantemente sus estados de ánimo, con licencia de hacer tonterías, como él mismo lo manifestaba. Me refiero a don Bernardo Leighton, quien legítimamente se ganó el apodo de “hermano” y a quien modestamente rindo – con mis recuerdos – un sentido homenaje.

Participó durante casi medio siglo en la política chilena, desde una posición intransablemente democrática que le permitió ser un actor y un testigo de nuestra historia. Supo dialogar, cada vez que fue necesario y, al mismo tiempo, no transó la verdad ni siquiera cuando las balas criminales intentaron callarlo.

Bernardo Leighton, un gran cristiano, que nunca dejó de traslucir rencores y menos odio de clases; más bien siempre tenía la palabra comprensiva, la vivencia del amor fraternos, un indulgente por naturaleza, creyó siempre en la bondad del ser humano no pasándose nunca por la mente que alguien pudiese jugar sucio, un hombre del sur.

A mi juicio, Leighton nos ofreció un legado que conserva hoy más que nunca su plena vigencia. Fe y Democracia, al servicio de la justicia.

Leighton tenía una condición característica, en el sentido de considerar a todos como personas dignas de fiar. Su frase, predilecta y una constante de su vida diaria: ..“pero es buen amigo…”. Recuerdo una experiencia de vida que lo corrobora. La primera vez que acudí a él yo era Profesor de Religión en la Escuela Inglaterra, ubicada en Quinta Normal. Un día llegué 10 minutos más tarde del horario de ingreso, y con sorpresa constaté que en el Libro de Asistencia aparecía con ausente. Esto no habría sido problema si no es por el hecho de que otro profesor que llegó después pudo firmar sin ningún problema; molesto por esta injusta actitud, fui a exigirle al Director una explicación. ¿por qué a mí?. Un Profesor de filosofía, agnóstico de Rancagua me indicó que frente a la posibilidad de ser expulsado, era sano recurrir al Ministro de Educación, Don Bernardo Leighton era el Ministro de Educación, muy joven a esa fecha. Así lo hice, me encontré con él y le conté el problema…´él respondió: “….pero por Dios hijo mío, por qué te metes en estos líos,…son radicales, pero buenos amigos, y agregó…”para evitar tu expulsión, a futuro, redacta de inmediato una carta de renuncia, así no te podrán echar”. Ése era el hermano “Bernardo”, hermano de verdad, hermano de los pobres y desamparados, hermano del que nada tuvo y nada pudo.

Otra anécdota digna de recordar fue cuando Bernardo participaba en una mesa redonda televisada; entre los contertulios se encontraba la Diputada Sra. Carmen Lazo, quien con cierta fogosidad le dijo: “¿No sabe Ud. que lo llaman hermano?” A lo que él respondió:
“¿Hermano?” Sí, Carmencita, soy hermano de todos”.

Un año antes de golpe militar Bernardo manifestó en público y en reuniones privadas del Partido, que si, dentro de las circunstancias que vivía el país hasta el 11 de septiembre, se producía cualquier golpe de fuerza contra el gobierno de Allende, él no sólo lo repudiaría sino que además se colocaría al lado del Gobierno Constitucional, desde el sitio en que pudiera hacerlo. Pocos días después del 11 de septiembre Bernardo presentaría un recurso de amparo a favor de algunos conocidos políticos del gobierno depuesto que se encontraban detenidos. Lo hace por teléfono, procedimiento poco usual, pero contemplado en la legislación. Su petición es rechazada por los tribunales, que inician así una conducta que se transformaría en rutina. Bernardo sufrió mucho por esta situación.

A fines de noviembre de 1973 es visitado por el Diputado italiano y Presidente de la Unión Internacional de Juventudes Demócratas Cristianas, Sr, Gilberto Bonalumi, quien viene a invitarlo a visitar Italia en compañía de su esposa con el fin de que pueda descansar un poco de una atmósfera difícil y a la vez explicar a los Demócratas Cristianos de ese país lo sucedido. Costándole tomar la decisión, al fin decide irse (la prensa de la época hablará de un auto-exilio) lo que es absolutamente falso. Leighton sale de Chile temporalmente y no con el propósito de permanecer afuera indefinidamente.

Los ataques de alguna prensa oficialista chilena en contra de Leighton por el discurso pronunciado el 11 de septiembre de 1974 en Amsterdan, más la campaña destinada a crear una situación cada día más difícil para la DC, hace que la Junta Militar decrete la prohibición de regresar a su patria, frustrando sus planes de volver en diciembre de 1974. Se inicia una etapa difícil en la vida del matrimonio Leighton Fresno. No poder regresar a la patria a la que se ha dedicado una vida entera de servicio constituye una medida de cuya crueldad no pueden medir plenamente los que nunca la han experimentado.

En esos días Bernardo sentía una pequeña molestia de ciática que ya antes había sufrido y luego mejorado, gracias al tratamiento que le facilitara el Padre Lucio Migliaccio de la Orden de Madre de Dios, muy amigo del matrimonio. Como se acercaba el invierno y para que el dolor no aumentara, decidió consultar al médico. En la tarde de 6 de octubre de 1975 tenía cita con el facultativo ítalo-colombiano, muy recomendado, quien lo examina solicitándole unas radiografías. Al salir de la consulta anochecía; era otoño, se dirigían a su departamento, situado en Vía Aurelia Nº 145, prácticamente al lado del Vaticano; se bajan de un bus, estaba oscuro y solitario, una persona atraviesa la calle, Anita lo ve de reojo y cuando lo pierde de vista, un disparo desde atrás lanza al suelo a Bernardo. Otro disparo igualmente por la espalda la hiere a ella, que cae de bruces, Gracias a Dios, no perdió nunca el conocimiento, lo que le permitió pedir auxilio. Lamentablemente las secuelas la acompañaron por el resto de su vida.

El atentado tuvo una gran difusión no sólo entre los chilenos que vivían en Roma sino en el mundo entero, incluyendo Italia por cierto. La prensa y la televisión italiana dieron la máxima importancia a este crimen político que mereció, naturalmente, el repudio de todos los sectores. Fue un acto terrorista que estremeció al mundo entero.

Inmediatamente ocurrido este hecho fuimos a verlos a Roma, donde ambos se encontraban en un hospital. Llegamos a Roma el Padre Piergiovanni, Sergio Muñoz Leiva y yo, pudimos ingresar al establecimiento gracias a la ayuda del Padre Lucio Migliaocio, quien, además, siempre estuvo atento para prestarles ayuda. En otro viaje que hicimos Sergio Muñoz y yo a Italia, les visitamos en su casa de Milán (no más grande ni ostentosa que una media agua) y luego de oficiar una misa en su cuarto, les invitamos a almorzar, por ser día sábado, los restaurantes estaban todos cerrados, hasta que al fin encontramos uno, “El Arlequino”. Fue una velada inolvidable, pero no puedo dejar de confidenciar un acontecimiento. Sergio Muñoz siempre decía que él jamás comería “carne selvática” (jabalí); en este inmemorable almuerzo lo probó y hasta el día de hoy las veces que regreso de algún viaje a Italia me pregunta:”trajiste jamón de jabalí”.

En otra oportunidad y también estando en Roma, visité a Bernardo y Anita, en compañía de don Santiago Bruron y dos de sus hijos, más el Padre Lucio Miglacio. Fue una visita corta, pero, muy agradable. Allí, Santiago manifestó que estaba estudiando la posibilidad de consagrarse al sacerdocio.

Demás está decir que las recuperaciones tanto de Anita como la de Bernardo han demostrado que una vez más triunfó el bien, y que Dios les permitió ver pronto un Chile libre, causa por la cual casi pierden la vida

“Chile no tiene razón alguna para permanecer
amedrentado y enmudecido, contrariando su
alma y su historia . Chile no nació para vivir
como ahora vive”.

Gracias “hermano Bernardo” por su gran legado a la historia de este país.